Mi gusto por la naturaleza, tanto por la simple contemplación de su belleza, como la de tratar de entender lo complejo de sus distintas funciones y mecanismos físico-químicos, hizo que en mi tiempo libre intente cultivar algo… y así fue como empecé a buscar y revisar información sobre el tomate riñón en invernadero.
Así es como, a medida que tenía algo de tiempo, empecé con la construcción de un invernadero metálico pequeño (30x10m). Unos vecinos cercanos que ya tenían su invernadero, aportaron con buena información, la que uno obtiene con observación y “simple” conversación.
Listo el invernadero, con su cubierta de plástico, cortinas para regular la temperatura y humedad, y el sistema de goteo para suministrar agua y nutrientes a cada planta, era momento de pasar las plántulas (previamente cultivadas en semillero) a cada funda preparada con el sustrato sugerido por el agrónomo que me asesoraba. La idea era de tener un cultivo semi-hidropónico (alimentando las plantas a través de nutrientes disueltos en el agua) y orgánico (libre de fungicidas).
El tomate riñón es una hortaliza que crece por pisos y es necesario guiarla para evitar que el fruto tope el suelo por su peso.
Preocupado básicamente en la dosificación de los nutrientes, colocar las guías y controlar la temperatura y humedad del invernadero según lo sugerido; empezaron a aparecer unas pequeñas moscas blancas de aproximadamente un milímetro. Estas ponen sus huevos en la parte trasera de las hojas y cuando eclosionan se alimentan de sus hojas.
A más de las «banderas» de color amarillo impregnadas de aceite para que queden pegadas las moscas, era momento de preparar la “pócima” de extractos de distintas plantas que tienen propiedades fungicidas. Empecé con el preparado de ajo; había que triturar en la licuadora varios dientes de ajo con un poco de agua, algo de clavo de olor, luego cernir, exprimir, más agua, lavar, limpiar… y preparar más… había que llenar varios litros.
Funcionó parcialmente y había que hacerlo continuamente, mientras nos seguía ganando la población de la mosca blanca. Después de una semana se probó con cebolla paiteña, luego café, después jabón negro, infusiones de otras tantas hiervas…en fin, una “sacada la madre”, que empecé a dudar que sean orgánicos los productos que venden en los mercados que tienen esa etiqueta.
Con el afán de cultivar un tomate saludable, sin químicos nocivos, finalmente tuve que dirigirme a un local de agroquímicos. Allí aprendí que existen una gran variedad fungicidas que se distinguen por el color de una franja en su etiqueta que va del color verde (la menos tóxica), pasando por la azul, la amarilla y la roja (la mas tóxica). Siempre use la verde y espere los días marcados en el sobre antes de cosechar, necesarios para que se elimine naturalmente la toxicidad del producto. Funcionó mejor y sin tanto trabajo.
Después de la mosca blanca (que nunca se fue por completo), apareció la “cenicilla”, un hongo que lo pude controlar después de probar varios químicos y finalmente descubrir que la “levadura de cerveza” diluida y aspergeada funciona muy bien en sus primeros estadios. Claro, esto fue después de perder la batalla en uno de los ciclos de siembra y cosecha.
Durante varios ciclos y resiembras (aproximadamente 5 meses por ciclo), conocí algunas plagas, unas que podía identificar, otras no. Unas se podía controlar cambiando las condiciones de temperatura y humedad del invernadero, pero el cambio favorecía otras y tenía nueva plaga…nuevo fungicida.
Se siente “extraño” este comportamiento de “plaga” (de destruir los cultivos, fuente de su subsistencia), de estos insectos, hongos, microbios y más organismos, que al sobrepasar su «población de equilibrio», arrasa con su fuente de alimento, y cuyo final es de auto-eliminarse. Aparentemente no tiene sentido que la naturaleza actúe de esa forma.
Curiosamente, de igual forma nos comportamos los seres humanos. Tenemos un comportamiento de plaga, cada vez somos más y demandamos más recursos del planeta. Se avizora un final de “plaga”.
Ahora que en realidad, no siempre existe una extinción del organismo, siempre sobrevive una pequeña población que tal vez emigra a otros cultivos o se adapta, o evoluciona, final que tal vez es el deseado de la naturaleza.
Sucederá algo así con la “plaga humana”…