El placer se define como un sentimiento o experiencia de satisfacción que se experimenta al hacer una actividad determinada, esta puede ser física, social, estético, intelectual o psíquica, esto es debido a la generación de sustancias como dopamina, endorfina, oxitocina y serotonina, que se liberan durante el placer.
Este sentimiento puede generarse desde un simple bocado de un dulce, hasta el momento del orgasmo, o a través de experiencias estéticas, intelectuales y emocionales, como escuchar música, aprender, resolver problemas, contemplar el arte o compartir momentos de afecto.
En alguna ocasión escuché que, mientras más sentidos se involucren en un deseo, mayor será el placer. Sin embargo, en ciertas experiencias, uno cierra los ojos para intensificar la sensación auditiva al escuchar música. Precisamente, mis cuadros de la serie “ojos cerrados” buscan capturar ese instante de placer que experimentan los músicos al tocar ciertas notas.
El placer debemos diferenciarlo del deseo, que es la búsqueda de esa experiencia que culmina en el placer, el solo imaginarlo ya genera la producción de hormonas. El placer es un instante de corta duración.
Mi hipótesis es que el placer es uno de los motores de una parte de la evolución. Aunque algunas religiones satanizan el placer, los hedonistas son mal vistos, el budismo propone suprimir los placeres para alcanzar la iluminación y creo que esto detendría parte de la evolución. El propósito de nuestra existencia está ligado a la búsqueda de placeres que nos impulsan a luchar, pensar y desarrollar nuestras capacidades.
Sin embargo, la repetición constante de una misma experiencia no genera el mismo nivel de placer. Si fuera así, nos estancaríamos. Así, comer el mismo helado repetidamente no produce la misma dopamina. Lamentablemente, esta es la razón por la que las personas adictas a las drogas buscan constantemente nuevas sustancias que les proporcionen el mismo placer. La gran diferencia es que esta búsqueda de placer no parte del esfuerzo mental, que es uno de los ingredientes fundamentales para dicha evolución.
La necesidad de alcanzar alimentos y consumirlos, lo que nos da placer, ha hecho que ciertas especies (o todas), desarrollen habilidades o cierta morfología que favorece su obtención. Hay estudios que determinan que la evolución no necesita miles de años para desarrollar una mutación favorable. De una generación a otra se ha visto en aves cierto cambio de sus picos que favorecen la obtención de ciertas semillas.
Mientras nosotros y todas las demás especies persigamos el placer en las distintas actividades que realizamos, en cualquier momento podrá darse un salto evolutivo significativo.
“La necesidad es maestra y guía de la naturaleza, la necesidad es argumento e inventora de la naturaleza” Leonardo Da Vinci.